Escuela de Comunicación Social

50 Años de la Escuela de Comunicación Social

Tenemos por delante el tránsito y la superación de las crisis sociales, económicas y políticas y democráticas glocales, siempre con el bagaje teórico y empírico que ha definido nuestro camino hacia el pensamiento colectivo y la descomposición de los procesos de comunicación resignificando la centralidad de las tecnologías como el eje paradigmático. Fueron, son y deben ser los saberes, las prácticas, los usos, apropiaciones, reapropiaciones, reinvenciones, mutaciones, migraciones; aquellos procesos que sigan teniendo nuestro ojo comunicológico. La transdisciplinariedad y la interdisciplinariedad entre las ciencias sociales y de tecnologías debe seguirse profundizando en hermandad. La conexión física y presencial en los territorios, con las comunidades y sus diversidades, ese es nuestro faro. 

En 1975, cuando las escuelas de comunicación social y periodismo del país se enfocaban en la formación pragmática del oficio, en el entrenamiento de lo técnico y el reconocimiento de las tecnologías de comunicación, en la Universidad del Valle Jesús Martín Barbero con un equipo de docentes e investigadores de diferentes áreas de las ciencias sociales y humanas, consolidaron el primer plan de estudios que resonaría no solo en Colombia sino en América Latina: Estanislao Zuleta, Germán Colmenares, Guillermo Restrepo, Luis Ospina, y la asesoría del escritor Andrés Caicedo y del fotógrafo Fernel Franco, fueron algunos de los aportes más significativos de nuestro origen.

La naciente casa de estudios pertenecía institucionalmente a la Facultad de Humanidades y se denominó Departamento de Ciencias de la Comunicación y, posteriormente, en 1990 se traslada a la Facultad de Artes Integradas y se denomina hasta ahora Escuela de Comunicación Social. Desde entonces nos ocupamos de estudiar y pensar la comunicación desde la transversalidad de las ciencias sociales: la semiótica y las conversaciones con Greimas, con Roland Barthes, con Umberto Eco y con Eliseo Verón desde Argentina hasta México; con la historia, la sociología, la antropología; sino que además, nuestros fundadores comprendieron que debían incorporar lo que sucedía en la Caliwood cineasta, literatura, de músicas híbridas y culturas populares, orales, no letradas.

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Fue un reto que planteó desplazar el eje de la información a la comunicación y, asumir el cine, la música, la radio, la televisión como espacios y medios de experimentación. Repensamos el oficio como un rol determinante y estratégico que empezaba a construir espacios importantes en los procesos políticos y culturales del país. Y finalmente, recibimos, validamos y reconocimos las demandas de comunicación y mediatización que provenían de los sectores populares. Aquellos grupos sociales que no hacían parte de la Cali central, sino de la Cali periférica, la del sol del Oriente, la de las Laderas ventosas, la de las ruralidades y los corregimientos productivos. Y luego el Suroccidente del país, el Cauca montañoso, el Nariño frío y alto.

Esos diálogos, seguramente, muchos de ellos acompañados por libros y café, se fueron tejiendo entre los años 80’s y 90’s y el recibimiento del nuevo siglo, colegas como Néstor García Canclini, Rossana Reguillo, Raul Fuentes, Guillermo Orozco, Aníbal Ford o Nora Mazzioti, Rosa María Alfaro, Héctor Schmucler, Javier Protzel, María Cristina Matta, José Joaquín Brunner, Teresa Quiroz, Alicia Enthel, Beatriz Sarlo, Mabel Puchini, Oscar Landi, Anamaría Fadul, José Marques, Regina Festa, entre otros muchos, fueron oídos y palabras fundamentales para nuestro existir y la trascendencia de nuestra historia. Se convirtieron en la base fundamental de nuestras guías teóricas. El diálogo es el que sostuvo, sostiene y sostendrá las líneas de investigación que posibilitan insertar los análisis de los medios y las transformaciones culturales en perspectivas que se descubren entre conversaciones y reconocimientos.

 

¡LARGA VIDA A LA ESCUELA!